¡Qué lata! por Ramón Coalla, un tendero ilustrado

por Ramón Coalla

Mi idilio con las conservas comenzó siendo un niño. Mis primeros recuerdos proceden del Renault 4/4 de mi padre, donde siempre podías encontrar una caja repleta de latas. Esa caja, posteriormente, pasó al maletero de una Simca 1000 Barreiros, blanco como el 4/4, que mi madre se encargó de estampar contra una farola el día que le entregaron el permiso de conducir. Nunca más condujo ¿Qué pintaban esas latas en el maletero de un coche? Fácil, a mis padres les gustaba llevarnos a mi hermana y a mí de picnic al salir de la tienda (somos hijos de tenderos). La maletita de mimbre, con sus cubiertos, sus platos y el mítico mantelito de cuadros. Después de todo el día en la tienda de ultramarinos, no había tiempo para hacer filetes empanados, tortilla de patatas o ensaladilla rusa, así que las latas eran el remedio perfecto. Buenos tiempos y buenos recuerdos. Solo había que añadir el delicioso pan de la mítica panadería “La Cubana”. Pan de antes, nada que ver con las baguettes de gasolinera o las artificiales masas madres que pululan por doquier. Y vino, claro, no podía faltar el vino.

Siempre nos acompañó desde pequeñitos. Me hace gracia que los aficionados actuales estén vitoreando etiquetas como López de Heredia o Agustín Blazquez. Coño, con 10 años, los domingos me dejaban beber una copa de Viña Cubillo. El Tondonia se lo bebían mi padre y mi madre. Ya saben eso de cuando seas padre. Antes, en los aperitivos, me dejaban mojar los labios en un Tio Pepe o La Ina. Ellos usaban el catavinos para el Carta Blanca de Blazquez. ¿Comienzos de sibaritismo? No, más bien cosas de buen gusto.

Después de todo el día en la tienda de ultramarinos, no había tiempo para hacer filetes empanados, tortilla de patatas o ensaladilla rusa, así que las latas eran el remedio perfecto

Pero vayamos al grano, que los editores de la revista me han contratado para hablarles de latas, no para hacerles una sinopsis de mi vida. ¿Qué latas había en la caja del maletero del coche de mi padre? Desconozco si eran las mejores, pero a mí me sabían a gloria. La primera en la lista y mi favorita era esa lata de octavillo de rollos de anchoas “Albo”. Hace años que no las veo, desconozco si aún existen. He mirado en su website y ahí no están. Por si no saben de qué hablo, eran simples anchoas enrolladas y colocadas con mimo dentro de la lata. De aquella, las anchoas eran conserva, no semiconserva para mantener en frio como en la actualidad. Debido al éxito de esas anchoas, hubo fabricantes que versionaron los mismos rollos, pero rellenos de queso o de alcaparras. Un insulto para el gastrónomo. Además de los rollos de anchoas, en la selección de la caja de mi padre se podía encontrar Espárragos “Ulecia”, un claro ejemplo que la ficción supera a la realidad. Donde haya unos buenos espárragos de lata que se quiten los naturales. La imprescindible mayonesa “Musa” para acompañar los espárragos, también formaba parte de esa deliciosa caja. El fuagrás “Mina”, unas latitas blancas y verdes de paté de cerdo pero que los españolitos llamábamos fuagrás al igual que llamábamos Champagne al Cava. Literalmente yo mataba por las manos de cerdo o por los callos de “La Tila”, otra marca tristemente desaparecida. Esas manos gelatinosas con salsa de toma pan y moja. Y ¿Esos callos, señores? ¡Qué callos!!! Con todas sus PES presentes: Pequeñinos, Pegañosos, Pulcros y Picantinos. Nada que ver con los deliciosos callos madrileños, siempre por detrás de la receta astur. Para esto, hacía falta disponer del Camping Gas, que por supuesto mi padre también lo llevaba en el coche. Había más cosas, pero mi memoria ya va fallando. Me suena que para que no desesperáramos, ni diéramos mucho la tabarra mientras montaban el picnic, nos abrían, para entretenernos, unas aceitunas rellenas de anchoa de “El Serpis”. En casa siempre fuimos más de Serpis que de “La Española”, la otra marca líder. Y me suena que en esa caja también habría buenos mejillones, no puedo asegurarlo, pero si los hubiera, tengo

Pero ¿Tiempos pasados fueron mejores? Depende, y eso que no soy gallego.

Eran maravillosas esas ambrosías y las recuerdo con sumo placer, pero hoy existen conservas fuera de concurso

muy claro que serían “CUCA”. Ramón Franco de aquella o no existía o no se había presentado aún en sociedad.

Pero ¿Tiempos pasados fueron mejores? Depende, y eso que no soy gallego. Eran maravillosas esas ambrosías y las recuerdo con sumo placer, pero hoy existen conservas fuera de concurso. Me han pedido un texto de mil y pico palabras, y ya llevo setecientas. Voy a intentar resumir y darles mis preferencias actuales.

De niño, mi cena favorita era un arroz blanco con huevo frito y una lata de tomate frito “Solís” de las pequeñas. Hagan el favor de cambiar ese tomate frito industrial por el tomate riojano “Huerta de Tormantos” que elabora el bueno de Javier de manera artesanal. Unas latas doradas preciosas, tan buenas como escasas. Ya hacen cupos como si de un DRC habláramos. Siguiendo con vegetales, a los desaparecidos espárragos “Ulecia” les han sustituido con todos

los honores los Súper Crema de “Juncal”. Otra conserva bajo la tiranía del cupo. Nada que ver con esos mal llamados “Cojonudos”. ¡Qué mal gusto por Dios!! Mi último tramo educacional en colegios del Opus Dei, donde mi padre me envió para ver si eran capaces a que no me quedaran cinco asignaturas para setiembre y no le chuleara falsificando las notas, hizo que me horrorizaran determinados vocablos mal sonantes. Es lo único que consiguieron, de aprobados no sigamos hablando para no sonrojarme. Por terminar con la saga vegetal, los pimientos del piquillo de “Perón” en Lodosa, cubren las expectativas de aquellos antológicos piquillos riojanos “El Cidacos” que vi asar lentamente a la leña en unos locales de Calahorra y antes de que, como dice mi madre, empezaran a meter material de por allá.

En cuanto a laterío de potaje, apunten para que no se les olvide: La Fabada Especial de “El Gaitero”. La lata familiar de 1’3 Kilos en estuche negro. Mi yo canalla lleva tiempo planteándome la posibilidad de presentarla al campeonato del mundo de Fabadas que se celebra año tras año y donde los mejores fabadistas de este país compiten con inusitado interés. Algo me dice que podría ganar sin discusión, pero probablemente me quitarían el título por ir dopado. A mis años, no estoy por la labor de perder la reputación.

En cuanto a conservas de pescado, aquí hay mucha tela que cortar y necesitaría otras mil palabras. Creo que tendrán claro que los gallegos son geniales con las conservas de marisco pero que con los túnidos aún no han centrado la jugada. Vascos y astures (A los cántabros dejémosles con las anchoas) les llevan varias aletas

de ventaja. Me quedo con un par de ellos, uno de cada zona para que no se me vea el plumero. La gijonesa “La Polar” enlata un bonito del norte en trozos, en formato OL-240, que no hay quien lo iguale. Despreocúpense del cupo, antes de que salga la edición de esta revista voy a tratar de hacerme con la totalidad de la corta producción para que ustedes no me dejen sin ello. Y otra de mis debilidades es el bonito frito en escabeche de “Ortiz” pero en formato de 200 grs hacia arriba que es el que viene en tronco. Si pueden hacerse con las panderetas de 1’4 Kilos, no lo duden.

El sur también existe en túnidos. Me asaltan las dudas sobre diferentes conserveras, pero creo que voy a quedarme con la ventresca y el tarantelo de atún rojo de “Herpac”. También debo de nombrar a una gente que ejerce en Tarifa y fabrican una melva canutera de quitar el hipo “La Tarifeña”. Busquen, comparen y si encuentran algo mejor compren.

Antes de abordar a los gallegos, vamos a hacer escala en Cantabria y sus anchoas. Sus vecinos vascos tienen mucho que decir pues la mayoría fueron educados por las huestes italianas, finos estilistas del arte de la anchoa. Pero, por tradición, hablemos de los cántabros. Hay muchos y muy buenos fabricantes: “Codesa, Don Bocarte, Solano Arriola, El Capricho, ……” Todos ellos tienen súper productos. Nada de engaños de crecer el tamaño del filete pasándolos por la plancha ¡Que manía con los filetes grandes!! Pero por darles una pista diferente, traten de hacerse con una lata de anchoas con mantequilla “Revilla”. Tocarán el cielo.

Y de los gallegos ¿Que quieren que les cuente que no sepan? Enumero rápido que me quedo sin palabras. Los chipirones en su tinta de “Los Peperetes” pero compren el bote grande de 650 grs, avisados quedan. Los Mejillones en escabeche de Ramón Franco en tamaño 4/6 Piezas son únicos. Prueben a ponerlos en la cubitera del champagne antes de abrir la lata para qué enfríen ligeramente. Ya les estoy facilitando demasiadas pistas. Las Zamburiñas al natural de “Real Conservera Española” hay que buscarlas sí o sí. Ellos lo saben y por eso las han convertido en un bien escaso. Indaguen, indaguen. Las almejas y los berberechos de “Dardo” cómprenlas y guárdenlas como si de un burdeos

Los Mejillones en escabeche de Ramón Franco en tamaño 4/6 Piezas son únicos. Prueben a ponerlos en la cubitera del champagne antes de abrir la lata para qué enfríen ligeramente.

en Premier se tratara. Hagan su colección privada año a año. Son geniales incluso como aditamento de un plato de espaguetis al ajillo. Yo se las ponía a mis hijos y me crecieron la mar de sanos. En sardinas, hagan el favor de no adquirir esas sardinillas minúsculas y que tanta fama tienen. Tiran ustedes el dinero. Compren sardina de lomos grandes. Apliquen lo del burro. Grasa, mordida, sabor único ¡¡¡Uhmmm!! Es la primera vez que salivo escribiendo este artículo. Hace unos años merodeaban por el mercado, a la chita callando, las mejores sardinas del mundo. Las sardinas del Alba de la conservera “Siglo XXI”. Que descaro de conserva. No sé qué coño les pasó a sus socios que se pelearon entre ellos y dejaron de fabricarlas. ¡Pa matarlos!! Ahora nos deleitan con una lubina y un esturión ahumado de clase mundial pero que no es lo mismo. “Don Reinaldo” fabrica unas sardinas ahumadas a la antigua que no le andaban a la zaga, pero no las igualaba. A “Don Reinaldo” le tengo el máximo de los respetos.

Necesitaría que me dejaran escribir un artículo de al menos cinco mil palabras, solo para Luisa y Abel de “Güeyu Mar”. ¡Si yo les contara todo lo que se sobre ellos!!! La conservera que está revolucionando el mercado. Elaboraciones basadas en la brasa, resulta complicadísimo destacar una

sobre la otra. Las navajas juegan otra liga, pero prueben las sardinas, los berberechos, los calamares en su tinta acompañados por un risotto de queso Gamoneu, el pulpo, los bonitos, la angula del Sella …. Excelencia es el adjetivo más básico que se puede aplicar. Divertidísimo packaging y sorprendentes productos futuros como cigalas o espardeñas. ¿Les otorgamos el calificativo de “Conserveros del quinquenio”?

Espero no haberles aburrido con mi literatura de andar por casa, recuerden comprar esta revista y recomendarla arduamente a sus amigos. Tranquilos, no soy un ególatra que pretende promocionarse y darse autobombo. Soy escritor ocasional y de pacotilla. Lo que quiero es poder cobrar la minuta que me prometieron por echar una tarde contando tonterías. Los editores se piensan que por ser amiguetes se la voy a perdonar. Aunque es mejor no tocar asuntos pecuniarios, con estos dos innobles secuaces es posible que tenga que pagar por trabajar para ellos.

Salud, buen vino y mejor conserva.

Ramón Coalla es tendero y buena gente.
Es tan buena gente, que todavía se recuerda el despliegue de quesos que hizo en iNNoble Wine Fest 2021

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Innoble Wine Magazine Nº3
14,99

La entrevista en el blog es solo el primer trago, la revista iNNoble Wine Magazine Nº2 es una botella entera, esperando ser descorchada.

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