Seguros para vino. Cómo asegurar los vinos de tu casa o tu bodega

El verano del 97 hiciste un viaje con amigos a Gandía, destino atemporal donde los haya. Ibais cuatro amigos y en la primera noche conociste a Clara. Ella empezó hablando con Lucho pero, milagrosamente, fuiste tú quien triunfó con ella.

Casualidades de la vida, ambos vivíais cerca de Legazpi y a tu vuelta a Madrid no fue difícil continuar con la relación. Cañas, cine y hasta fútbol veíais juntos. Tus colegas la adoraban y tu madre estaba encantada de esa chica tan maja que tanto cuidaba de ti.

Años después, un fin de semana decidiste subir a la casa de tus padres en Cercedilla para hacer una barbacoa por tu 30 cumpleaños. Compraste carne de primera, un pan de tahona de categoría y algunos vinos chulos, que por aquel entonces andabas muy metido en el asunto.

Cuando fuiste a arrancar el coche para iniciar el viaje ves que no tienes batería y Clara te está esperando en su oficina para ir juntos y evitar el atasco del viernes. Afortunadamente no hay problema. El bueno de Lucho irá a recogerla mientras tú arreglas el desaguisado. Mañana temprano te plantas allí para comenzar con la barbacoa y listo. La vida es bella. Todo problema tiene solución porque eres un tipazo resolutivo.

Tan resolutivo que antes de lo previsto estabas en el garaje con una batería nueva que te ha dejado Dudu, tu vecino mecánico. ¡Pasarás la noche en Cercedilla, campeón!

Como no avisaste de tu prematura llegada, cuando abres la puerta te encuentras a Lucho y a Clara sudando juntos como una entraña en un asado argentino. Feliz cumpleaños, nene.

Este episodio hace mella en ti. De ser un tipo arriesgado y echao pa’lante pasas a ser alguien más pausado. Más cerebral. Alguien que evalúa pros y contras y que no quiere llevarse disgustos innecesarios.

¿El tipo de alguien que contrataría un seguro para sus vinos? Desde luego. Y más aún. Pasas a ser ese alguien que además de tener su seguro de vinos te cuenta en qué consiste el seguro mientras descorcha una botella. Pues oiga, bienvenido sea.

Si has seguido leyendo hasta aquí es porque tienes más miedo que siete viejas a que tus vinos o tu bodega sufran algún percance, pero este artículo quiere darte tranquilidad, así que lee con atención cómo funcionan estos seguros.

Son fáciles de conseguir a través de una simple búsqueda en internet y verás que tienes desde multinacionales aseguradoras a otras más de nicho y muy centradas en la industria de la vitivinicultura.

En primer lugar, habrá que diferenciar entre asegurar vinos embotellados que tienes en tu cava o en el trastero particular de tu casa, o bien asegurar una bodega profesional con todo lo que eso conlleva.

En el caso de vinos que tienes en casa se trata de algo sencillo, previo acuerdo entre las partes, ya que tiene un sistema similar al de asegurar joyas o equipos tecnológicos.

Lo fundamental en este caso es que ambos os pongáis de acuerdo (tú como particular y el tasador de la aseguradora en cuestión) para dar un valor real a esos vinos. Ajustarse a un

precio real de mercado y poder garantizar que esos vinos estén en buen estado de consumo. El valor de la póliza vendrá dado por el valor asegurado, siguiendo la máxima de a mayor riesgo, mayor será la prima.

Se da la particularidad de que añadas antiguas o muy especiales son de difícil cuantificación monetaria, por lo que primará la relación de confianza entre las partes. Trata de ceñirte a la realidad en el momento de poner un precio a ese Mouton Rothschild

1945 para que, en caso de robo o daño, no haya disgustos, que engañarle a la aseguradora es como engañar a tu oncólogo.

Consejo particular de este, quien escribe: no hay vino más seguro que el que ya te has bebido.

En el caso de que te dediques profesionalmente a elaborar vino o incluso si tienes una bodega más amateur, ahí sí te decimos que deberías seriamente plantearte contratar un seguro de bodega que cubra varias eventualidades. Te sorprenderá saber la cantidad de coberturas que puedes incluir en tu póliza. Sube a mi nave espacial:

  • Asegurar todo el contenido que en ella se halle. En caso de que sea una bodega de alquiler, ya que el continente, las instalaciones como tal, deberían estar aseguradas por el propietario de las mismas.
  • Seguro de Responsabilidad Ambiental: si causas algún daño al entorno derivado de tu actividad. Cada día somos más conscientes de ello, pero un fallo o negligencia pasa en las mejores casas.
  • Seguro de asistencia en caso de fugas de agua, de gas y esas otras que suelen ocurrir cuando duermes dejando un cerquito de baba en la almohada.
  • Seguro por derrame de líquido. Ya sea mosto o vino porque una barrica se ha roto o no estaba convenientemente estanca por alguna grieta, en cuyo caso, pueden llegar a cubrirte por el valor del líquido derramado y por los gastos de limpieza en los que incurras. Ya luego la bronca que le caiga al que no estuvo atento es cosa tuya.
  • Seguro por rotura de depósitos. Ya sean de miles de litros o esos siempre llenos que usas tan a menudo. Cada aseguradora te dará un límite mínimo en cuanto a los litros asegurables de un depósito. En nuestro estudio hemos visto un mínimo de 100L.
  • Seguro por rotura de botellas, en función del capital que hayas asegurado. Llenar esos jaulones con las quinientas botellas ha sido un trabajo demasiado duro como para no pensar en ellas cuando el trabajo está casi listo.
  • Seguro para empleados y personal en prácticas. En una bodega todo tiene aristas y cualquier golpe duele. Los juguetes de los niños de hoy día están hechos a prueba de los bebés más aventureros, pero los diseñadores de depósitos, cierres y materiales se nota que no han sido viticultores ni enólogos precisamente. Además, seamos francos, las prisas hacen que no siempre vayamos con la cautela debida.
  • Seguro de Responsabilidad Civil de enoturismo. Una extensión del anterior para cubrir al bueno de Friedrich cuando se toma dos copas de más en esa visita tan chula a tu viñedo de viticultura heroica y que puede acabar como la batalla de las Termópilas.
  • Seguro de continuidad del negocio, si en caso de siniestro grave debes parar temporalmente la actividad, donde la aseguradora se hace cargo de esas pérdidas hasta el tiempo que se haya pactado en la póliza.
  • Seguro de daño del producto durante su elaboración. Por ejemplo, una rotura del termostato de la sala de barricas que hace que se dañe el vino por una subida de las temperaturas.
  • Seguro de etiquetas e impuestos especiales. Ya sea por robo de esas etiquetas de la D.O. o por daño a causa de algún siniestro indirecto.

Las aseguradoras tratan cada uno de estos seguros de forma modular, de manera que puedas incluir los que más te interesen, pero tú que ya tienes mucha calle hay una cosa que tienes clara: Gandía nunca mais.

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